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Coyote mata a un gigante - Navajo

Coyote estaba caminado un día cuando conoció a la vieja. Ella lo saludó y le preguntó a dónde se dirigía.

“Sólo está deambulando” -dijo Coyote-.

Será mejor que dejes de hacerlo, o te encontrarás con un gigante que mata a todo el mundo.
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La mancha indeleble - Juan Bosch

Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente. Seguramente en esas vitrinas no entraba aire contaminado, pues las cabezas se conservaban en forma admirable, casi como si estuvieran vivas, aunque les faltaba el flujo de la sangre bajo la piel. Debo confesar que el espectáculo me produjo un miedo súbito e intenso. Durante cierto tiempo me sentí paralizado por el terror. Pero era el caso que aún incapacitado para pensar y para actuar, yo estaba allí: había pasado el umbral y tenía que entregar mi cabeza. Nadie podría evitarme esa macabra experiencia.
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La calumnia - Antón Pávlovich Chéjov

El profesor de caligrafía Serguéi Kapitónich Ajiniéiev había concedido la mano de su hija Natalia al profesor de historia y geografía Iván Petróvich Loshadín. La fiesta nupcial transcurría a las mil maravillas. En la sala se cantaba, se tocaba y se bailaba. Los lacayos del club, contratados por aquel día, con sus fraques negros y sus cuellos blancos manchados, iban y venían por la casa sin un momento de reposo. Había mucho alborozo, y las conversaciones eran animadas. El profesor de matemáticas Tarántulov,el francés Padekuá y el inspector subalterno de Hacienda Egor Venediktich Mzdá, sentados en el diván, contaban a otros invitados, atropelladamente e interrumpiendo se entre sí, casos de inhumación de personas vivas y manifestaban su opinión acerca del espiritismo. Ninguno de los tres creía en él, pero todos admitían que son muchas las cosas de este mundo a las que nunca llegará la mente humana. En otra estancia, el profesor de la lengua y literatura Dodonski explicaba a otro grupo en qué casos el centinela tiene derecho a disparar sobre los viandantes. Como ven ustedes, las conversaciones eran espantosas, pero resultaban sumamente agradables. Por las ventanas que daban al patio se asomaban los mirones cuya posición social no les permitía entrar.
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El hombre mudo - Sherwood Anderson

Hay una historia –no la puedo contar- no tengo palabras. La historia está casi olvidada pero a veces me acuerdo.

La historia se refiere a tres hombres en una casa en una calle. Si yo pudiera decir
las palabras yo cantaría la historia. Yo le susurraría a los oídos de las mujeres,
de las madres. Corría por las calles diciéndolo una y otra vez. Mi
lengua se desgarraría -se estrellaría contra mis dientes.
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El billete de lotería - Antón Chejov

Iván Dmitritch, un hombre de clase media que vivía con su familia y muy satisfecho con su suerte, se sentó en el sofá después de cenar y empezó a leer el periódico.

-Hoy me olvidé de mirar el periódico -le dijo su esposa mientras levantaba la mesa-. Fíjate si están los resultados.

-Acá están -dijo Iván-, ¿pero no pasó ya el sorteo de ese billete?