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Presagios - José Alcántara Almánzar

José Alcántara Almánzar: nace en Rep. Dominicana el 2 de mayo de 1946. Es crítico literario, educador, ensayista y narrador. Se inició en su ciudad natal como profesor de Idiomas, Literatura e Historia. Enseñó Sociología en varias universidades dominicanas. Desde su primer libro de cuentos, Viaje al otro mundo (1973), muestra al sociólogo que vive en él: su temática incluye los conflictos entre clases sociales, las injusticias sociales y políticas, el abuso de poder y la pobreza. Premio Nacional de Literatura 2009. 
El cajero soñaba que querían estrangular al gerente y al despertar le dolía la garganta y en su cuello tenía impresa la marca de la soga. Soñaba que el gerente se había ahogado en la playa y a la mañana siguiente casi no podía respirar, había arena cama y las sábanas mojadas, con un fuerte olor a mar. Soñaba que tenía gripe y era el gerente quien faltaba a la oficina, pretextando fiebre y tos. Soñaba que viajaría a otro país y al poco tiempo era el gerente quien se encontraba a bordo de un avión, con gastos pagados por el banco en que ambos trabajaban.


Sus viajes al fondo sí mismo eran presagios equivocados que nadie conocía, escapes errátiles de antiguos rencores contra su jefe, venganzas imaginarias que se trocaban en castigos.

Quiso siempre soñar con dinero y gloria, y el subconsciente lo traicionaba, llevándolo al terreno pantanoso del peligro, al baldío de la mediocridad y la frustración.

Una noche soñó que se producía un asalto al banco. Al mediodía entraban cuatro individuos portando maletines de cuero, encañonaban al público, y el gerente, a la primera amenaza, les abría la bóveda. Mientras unos sacaban los fajos de billetes, los otros vigilaban. Para sorpresa de todos legaba la policía y conminaba a los ladrones a entregarse. Sonaba un disparo, él sentía un espuelazo en el pecho y se desplomaba.

Al otro día pasó la mañana muy excitado, casi sin poder concentrarse por el desasosiego, ya que sabía lo que iba a suceder y no deseaba evitarlo.

A las doce entraron cuatro individuos portando maletines de cuero encañonando al público, y el gerente, a la primera amenaza, les abrió la bóveda…

El asalto se cumplió según las pautas del sueño, con una ligera variante: el disparo no alcanzó al gerente, sino a él, que había estado muy seguro, esperando un desenlace a la inversa detrás de su ventanilla.

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